Hago una pausa en la lectura del blog de un amigo y me pongo a escribir estas líneas porque temo que luego se me vaya la inspiración y se me corte la viada. Es que este huevón escribe tan bien... que inspira, o quizá no sea lo bien que escriba sino lo claro que deja que escribir es una catarsis, la solución más sublime y accesible a nuestros problemas.
El otro día hablé hasta muy de madrugada con una amiga por messenger intentando explicarle que hay muchas personas que pueden llegar a ser tan o más felices que muchas otras que han conocido y disfrutado de una mayor cantidad de cosas en este mundo, "vivir a pleno...", dice una canción de mierda. El punto es que no sé quién me manda a mí a explicar tamaña cosa. Quizá quería convencerme de que puedo llegar a ser feliz a sabiendas de que me he y me estoy perdiendo muchas cosas esenciales de la vida y probablemente, al paso que voy, moriré sin conocerlas. O quizá quería recordarle que el hombre que nació sin piernas y no conoce lo que es correr, no está condenado a ser menos feliz que el campeón olímpico en los 100 metros planos*. Ahora pienso que estaba haciendo las dos cosas ya que no son excluyentes entre sí... es más, vienen a ser lo mismo: me siento incompleto, me siento ignorante e incapaz de muchas cosas, pero siento que seré feliz, siento que llegará el día en que mi pata que escribe en papeles fugaces será feliz y que aunque ninguno de los dos, sendas guatas cheleras, llegue jamás siquiera a los 10 metros planos, dejaremos de competir por quién es el de la vida más miserable y nos reuniremos en un bar a celebrar lo felices que hemos sido toda la vida cada vez que nos hicimos sonreír mutuamente e hicimos sonreír a los demás.
* Corroboré el nombre de la competencia olímpica en una página x en dónde, coincidentemente, habían colgado un video de Nick Vujicic, persona que, además de mi pata, estuvo en mi mente durante la escritura de este post.
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